Queridos amigos:

 Tal vez el tema ambiental que haya generado mayor cantidad de equívocos (en su mayor parte interesados) sea la contaminación provocada por pilas y baterías.

 Se parte de un hecho cierto, que es la presencia de materiales peligrosos en la composición  de estos productos, que se difunden en los ecosistemas cuando se las descarta de un modo que no sea apropiado.

 A partir de allí, se desataron las conductas más irracionales que se puedan pensar. Para no tirar las pilas, muchas personas comenzaron a acopiarlas en sus casas, olvidando que nuestra casa es un mal lugar para almacenar residuos peligrosos. Numerosos docentes tomaron la idea y convencieron a sus alumnos a llevar las pilas a la escuela, a la espera de encontrarles algún destino más seguro.

 Pero una pila es un residuo peligroso y los residuos peligrosos deben ser manipulados por personal especializado, nunca por niños. Y como requieren repositorios de seguridad, el peor lugar para guardarlos es una caja en una escuela.

 La desorientación en este tema ha llegado al extremo de escuelas que recogen pilas y las guardan en envases vacíos de agroquímicos, multiplicando los riesgos de los niños que tienen que manipular esa combinación.

Es frecuente que se las encierre en bloques de cemento, con la ilusión de que eso las saca de circulación por un tiempo prolongado. Se trata de acciones de buena voluntad, encaminadas por personas que procuran atender un problema que las autoridades descuidan. Pero un estudio del Instituto Nacional de Tecnología Industrial revela que muchos de esos bloques en pocos años comienzan a filtrar al exterior su contenido tóxico. Es sugestivo que esas “soluciones” no tengan la aprobación de la Autoridad de Aplicación de la Ley de Residuos Peligrosos ni hayan sido testeadas durante un tiempo prolongado. 

Por supuesto que hay incontables agresiones ambientales que son mucho peores que las pilas, pero las pilas tienen una característica que facilita que se disparen esas conductas, y es que permiten echarle la culpa a la víctima. Gracias a una presión mediática -a veces interesada- millones de usuarios se sienten responsables por las pilas que tienen que descartar con la basura común porque no les ofrecen una alternativa mejor. 

Esta estrategia ha permitido desviar la atención de los verdaderos responsables de esta contaminación. Los que están en mejores condiciones para tratar las pilas usadas son aquellos que tienen instalaciones industriales para fabricarlas. Sabemos que no lo van a hacer por su propia voluntad sino que habrá que obligarlos a asumir esa responsabilidad.

 Además, la duración de los productos viene planificada por las empresas, pero no hemos visto movimientos sociales que reclamen que los fabricantes hagan pilas que duren más tiempo, para reducir la cantidad de las que se descartan.  

Ni siquiera vimos la exigencia de prohibir las pilas que casi no tienen carga y que imitan en su nombre y diseño a las marcas conocidas y que en la Argentina cubren el 30 por ciento del mercado. Porque si contaminar a cambio de tener energía es una situación que rechazamos, ¿qué decir de contaminar a cambio de nada? 

Por eso quiero señalarles un proyecto de Ley que trata de poner las cosas en su lugar. Ha sido presentado en la Legislatura de la Provincia de Misiones. Propone que el que compre pilas nuevas tenga que entregar las usadas y que sean el vendedor o el fabricante quienes se hagan cargo de su tratamiento como residuos peligrosos.

          ·El proyecto de ley de la diputada Violeta Lucila Prates, que asigna la responsabilidad de las pilas a quienes las venden y no a quienes las usan.

 

Antonio Elio Brailovsky